En un momento de aceleración tecnológica sin precedentes, las empresas son cada vez más conscientes de la necesidad de acometer una profunda transformación digital. Sin embargo, muchas siguen enfrentándose a una significativa resistencia interna al cambio, un obstáculo que puede comprometer su competitividad e incluso su supervivencia a medio y largo plazo.
Para superar esta barrera, las organizaciones necesitan líderes capaces de anticipar e interpretar tendencias, impulsar la innovación y gestionar los procesos de transformación desde una doble perspectiva: tecnológica y humana. No se trata solo de adoptar nuevas herramientas, sino de promover un cambio cultural que facilite su integración y aprovechamiento.
A pesar de ello, alrededor del 60 % de los directivos reconoce no sentirse preparado para liderar estos procesos y más de la mitad de las organizaciones continúa operando bajo modelos de liderazgo tradicionales, según un estudio de la consultora Fresh People. Estas cifras ponen de manifiesto una importante brecha en materia de liderazgo que busca abordar el nuevo Máster Tech MBA, impulsado por la Escuela de Negocios de Cámara Madrid en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid.
Se trata de un programa pionero que ofrece una visión integral de las tecnologías emergentes y de su impacto en la estrategia empresarial. Para conocer en profundidad esta propuesta formativa y explorar las oportunidades profesionales que genera, hemos conversado con su director, Emiliano Acquila Natale. Con más de veinte años de experiencia en dirección empresarial, innovación tecnológica y economía digital, el profesor comparte su valiosa reflexión sobre la importancia del liderazgo tecnológico y explica por qué el factor humano seguirá siendo determinante en la era digital.

Pregunta: En un entorno marcado por la aceleración tecnológica, la formación continua parece más necesaria que nunca. Desde su perspectiva, ¿qué competencias considera hoy imprescindibles para que un directivo siga siendo relevante en un contexto tan competitivo y exigente?
Respuesta: En mi opinión, un directivo no necesariamente tiene que ser el que más sabe de tecnología, sino que debe ser capaz de integrar negocio, tecnología y personas para lograr una ventaja competitiva real en la organización. Para ello, es necesario contar con tres competencias clave.
En primer lugar, la capacidad analítica y orientación a datos. Muchas empresas invierten en tecnología, pero no generan valor porque sus líderes no saben interpretar ni extraer valor de la información. En segundo lugar, una visión tecnológica aplicada. No se trata de dominar cada herramienta, sino de comprender qué problema resuelve cada una y su impacto en la empresa. Por último, el liderazgo del cambio. La transformación digital es sobre todo cultural. Gestionar la resistencia, alinear equipos y fomentar la adopción tecnológica es lo que realmente diferencia a un líder.
Uno de los grandes frenos de la transformación digital suele ser el factor humano: el miedo al cambio o la resistencia cultural. ¿Qué estrategias puede seguir un líder tecnológico para impulsar un cambio de mentalidad sostenible dentro de la organización?
Uno de los principales errores es pensar que la transformación digital es un proyecto tecnológico, cuando en realidad es un proceso de cambio cultural. Por eso, el liderazgo debe centrarse en las personas: las organizaciones que mejor se adaptan a los cambios son las que explican el “para qué” del cambio, conectándolo con el impacto en el negocio y con el trabajo diario de las personas.
En muchos casos, pequeñas implementaciones, como automatización de tareas repetitivas o mejoras en los procesos a partir del análisis de los datos, ayudan a reducir resistencia al cambio. De esta forma, el cambio sostenible ocurre cuando las personas dejan de ver la tecnología como una amenaza y comienzan a percibirla como una herramienta de crecimiento y mejora. En este sentido, es fundamental fomentar una cultura basada en la experimentación, el aprendizaje y la toma de decisiones basada en datos.
Muchos profesionales técnicos acceden a puestos de responsabilidad por su solvencia técnica, pero no siempre se sienten preparados para liderar personas. ¿Cuál diría que es el error más habitual que comete un perfil tech al gestionar equipos por primera vez?
El error más habitual es intentar seguir siendo el mejor técnico del equipo en lugar de evolucionar hacia un rol de gestión. Los perfiles técnicos, a medida que van ascendiendo jerárquicamente, tienden a mantener el control total de las actividades, revisando cada detalle o tomando todas las decisiones, lo que genera cuellos de botella y frena el desarrollo del equipo.
Sin embargo, gestionar implica saber delegar, confiar en el equipo y centrarse en que todos estén alineados con los objetivos a lograr. Para conseguirlo, el perfil tech-gestor tiene que desarrollar soft skills como comunicación, gestión de conflictos y de equipos, especialmente en entornos tecnológicos complejos donde conviven perfiles profesionales diversos.
Esa ha sido una línea que el grupo de profesores de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid llevamos muchos años trabajando con los estudiantes que pasan por nuestras aulas, para prepararlos para esta transición a lo largo de sus carreras profesionales.
Diversos estudios señalan una brecha creciente de talento digital en las empresas. Más allá de la captación, ¿qué papel debe desempeñar un líder tecnológico para desarrollar y retener ese talento dentro de la organización?
Las empresas españolas necesitarán cubrir en los próximos cinco años más de un millón de puestos de trabajo relacionados con la digitalización, así que parece claro que las organizaciones, sean del tamaño que sean, no pueden depender únicamente de la contratación, y que tendrán que desarrollar talento. Este es un elemento clave. No se trata solo de atraer talento, sino de desarrollarlo y fidelizarlo.
En este punto, no hablaría solo del “líder” sino de las empresas como un todo. Si bien el líder debe guiar el cambio, las organizaciones deben adoptar estructuras flexibles y ágiles, así como generar proyectos que aporten valor y que supongan un reto tecnológico para los nuevos profesionales digitales y, a la vez, generar una cultura de aprendizaje continuo que impulse un reskilling de la plantilla, principalmente de las generaciones más senior.
La rapidez con la que surgen nuevas tecnologías obliga a los directivos a decidir con información incompleta y bajo presión. ¿Cómo puede un líder discernir si una tendencia (como la IA generativa, el metaverso o la computación cuántica) representa una oportunidad real de negocio o solo una moda pasajera?
Nadie puede saber a ciencia cierta si una tendencia tecnológica se convertirá en el nuevo paradigma. Hay tecnologías que llevan siendo la gran promesa durante más de una década, mientras que otras han pasado a experimentar crecimientos exponenciales en muy breves periodos de tiempo. Así que, quizá, la clave está en replantear la pregunta. No se trata tanto de responder “¿será esta tecnología relevante?”, sino más bien “¿qué problema de negocio puede ayudar a resolver?” y “¿tendrá un impacto económico positivo en la organización?”.
Si encontramos respuestas positivas a esta pregunta, estaremos tomando decisiones informadas y alineadas con la estrategia de la empresa, en lugar de seguir tendencias tecnológicas. Aquí, las organizaciones más ágiles cuentan con ventaja, al favorecer el diseño e implementación de proyectos piloto, que permitan medir resultados de forma rápida, para implementar la tecnología solo si ven un retorno económico y organizativo.
El dato y la inteligencia artificial han pasado de ser unos elementos diferenciales a convertirse en pilares básicos de la gestión. ¿Qué condiciones deben darse para que un sistema de Business Intelligence aporte valor real y no se quede en una mera herramienta tecnológica?
Como en todo proceso de cambio tecnológico, el valor no está en la tecnología, sino en su capacidad para transformar información en decisiones con impacto. Muchas organizaciones fallan porque implantan herramientas antes que desarrollar una cultura del dato.
La inteligencia de negocio solo va a generar valor si nos ayuda a entender qué está ocurriendo, por qué y qué decisiones podríamos tomar. Aparte, resulta fundamental trabajar sobre la calidad y la gobernanza del dato, porque sin datos fiables, cualquier análisis pierde credibilidad y utilidad. El salto real dentro de las organizaciones, independientemente del sector de actividad, se produce cuando el dato se integra en la toma de decisiones y evoluciona hacia modelos predictivos apoyados en IA.
¿Cuáles son las principales características del Máster Tech MBA que ofrecen la Universidad Politécnica de Madrid y la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Madrid y qué ventajas proporcionan a los estudiantes en comparación con otras ofertas formativas?
Desde mi punto de vista, la oferta formativa actual presenta una desconexión entre los aspectos estratégicos y tecnológicos. Algunos programas abordan la tecnología desde un plano técnico, profundizando en herramientas concretas sin enseñar cómo priorizar, integrar o medir su impacto en el negocio. Esto hace que los estudiantes no entiendan la importancia de la gestión de la tecnología para la toma de decisiones en las organizaciones.
Nuestro Tech MBA se centra en capacitar a directivos y puestos intermedios de pequeñas y medianas empresas (PYMEs) para tomar decisiones tecnológicas con criterio económico y estratégico, entendiendo cómo cada inversión, cada cambio, impacta en sus procesos y clientes, y en cómo mejora su competitividad. No se trata solamente de entender qué son la Inteligencia Artificial, la realidad aumentada, el cloud o Business Intelligence, sino que trabaja con casos reales donde debe decidir qué tecnología implementar, priorizar inversiones y justificar el retorno. Este proceso culmina con el diseño de un plan de transformación digital alineado con una empresa real.
Aparte, y en línea con lo que hemos hablado anteriormente, la formación se completa con el desarrollo de las soft skills (gestión del cambio, cultura digital, liderazgo, trabajo en equipos) necesarias para gestionar y liderar la transformación digital de las empresas.
Todo esto no sería posible sin nuestro claustro de profesores, que permite combinar la excelencia académica de una institución de referencia en el ámbito tecnológico como la Universidad Politécnica de Madrid con la experiencia profesional de directivos y especialistas en activo de empresas de muy diversos sectores, como Microsoft, Telefónica, NTT Data, Sngular, Hipoges, Grupo Azvi, Sener, Securitize, T-Systems, Bristol Myers Squibb, entre otras.
A lo largo del Curso, el alumno descubre cómo liderar los procesos de transformación tecnológica de las empresas desde un enfoque práctico. ¿Qué significa realmente aprender de forma aplicada y por qué cree que este enfoque marca la diferencia en la formación de directivos tecnológicos?
Aprender de forma aplicada significa que el estudiante trabaja sobre los problemas reales que tiene su empresa, analiza los pasos que tiene que seguir en el proceso de transformación y plantea la estrategia digital de cambio.
El máster mezcla metodologías consolidadas en escuelas de negocio clásicas, como el método del caso, con metodologías activas, como el aprendizaje basado en retos y en proyectos. El profesorado acompaña al estudiante en la búsqueda de soluciones a los retos que plantea la transformación digital, desde el punto de vista estratégico y tecnológico. La idea es que el proceso pueda culminar en un resultado tangible: un plan integral capaz de conectar estrategia, tecnología, cliente y cultura.
En definitiva, aprender de forma aplicada no es ensayar escenarios teóricos, sino prepararse para tener una hoja de ruta clara para generar impacto real en la empresa.
El Tech MBA forma líderes capaces de convertir la tecnología en valor real
Tal y como nos ha explicado su director, el objetivo de este Tech MBA de doble Titulación es claro: preparar a directivos y perfiles técnicos para tomar decisiones tecnológicas con criterio empresarial, alineando cada inversión con resultados tangibles en competitividad, eficiencia y crecimiento.
Una meta en la que juega un papel fundamental su claustro docente, liderado por Emiliano Acquila Natale e integrado por académicos de referencia y profesionales en activo con una amplia experiencia en el ámbito tecnológico y empresarial.
Así, el resultado es una experiencia formativa de alto impacto, orientada a la aplicación práctica y a la generación de valor desde el primer día. Lo que se traduce en una inversión estratégica para quienes aspiran no solo a dirigir las empresas del presente, sino también a anticipar y liderar los retos del futuro en un entorno cada vez más digital, competitivo y cambiante.
Emiliano Acquila Natale
Director del Tech MBA de la Escuela de Negocios, cuenta con más de veinte años de experiencia en dirección empresarial, innovación tecnológica y economía digital.